El  Día Internacional del Síndrome de Asperger se celebra cada 18 de febrero desde 2007. Justo un año antes, se cumplía el centenario del nacimiento de su descubridor, Hans Asperger.

La presencia del  diagnóstico de Síndrome de Asperger tanto en el  Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV, APA) en su cuarta edición, como en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10, OMS) en 1994, logra el reconocimiento oficial del diagnóstico y el  consenso entre investigadores. En aquel momento se consideraba una categoría diferenciada del autismo, pero con la llegada del DSM-V en 2013, las subcategorías que componen los Trastornos Generalizados del Desarrollo se fusionan dentro del Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).

En su día, el Síndrome de Asperger tuvo una enorme relevancia, por poner en valor un perfil dentro del autismo diferente hasta lo que en ese momento se había reconocido como autismo.

El reto del diagnóstico:

En los últimos años ha mejorado la detección del TEA, pero las especiales características de las personas que identificaríamos  con el Síndrome de Asperger hacen que sufran una demora diagnóstica más pronunciada y, por tanto, un acceso más tardío a recursos específicos. La buena competencia académica y la ausencia de retraso en la adquisición del lenguaje en la mayoría de los casos, hacen que sus dificultades puedan pasar desapercibidas hasta que las demandas de su entorno se vuelven más exigentes.

Esta categoría diagnóstica ha trascendido enormemente en los últimos años, haciendo que muchas personas y familias se identifiquen con ella y  ha ayudado a que la sociedad conozca mejor el Trastorno del Espectro del Autismo.  Es por ello que hoy, 18 de febrero, celebramos la visibilidad y la lucha por los derechos de este colectivo.