La Fundación para la Educación del Autismo (AET, en inglés) de Reino Unido, elaboró en 2011 una relación de buenas prácticas para la educación de los niños con Trastorno del Espectro del Autismo, de cara a establecer unos estándares de calidad en la atención a este alumnado.

Se partía del conocimiento de que los Trastornos del Espectro del Autismo constituyen una discapacidad diferente, con características propias que definen su modo de aprender y sus necesidades en el aula.

Los objetivos eran identificar y registrar las prácticas sobresalientes ya existentes, identificar  las diferencias y similitudes entre los distintos tipos de servicios que se consideran de calidad y documentar una serie de directrices  sobre buenas prácticas existentes en estas escuelas.

Se analizaron las políticas y el marco educativo previos, y se evaluaron 16 escuelas que atendían a alumnado con TEA de hasta los 19 años.

La metodología que se empleó fue la entrevista cualitativa al personal de todos los centros evaluados.

En estas entrevistas se identificaron 8 puntos centrales que poseían las escuelas que ofrecían buenas prácticas educativas a los alumnos con TEA:

  1. Ambiciones y aspiraciones. Las escuelas de calidad tenían instaurados valores de inclusión, buscando el bienestar del alumno y maximizar todo su potencial. Buscaban, además, alcanzar habilidades clave relacionadas no sólo con las competencias académicas, sino también aquellas que fomentan la comunicación social y favorecen la independencia del alumno en sus habilidades de la vida diaria.
  2. Observación del progreso. Se trata de escuelas que tienen sistemas de registro que evalúan tanto las prácticas como la evaluación del progreso del alumnado, pero también que comparten estas evaluaciones tanto con la familia, con los alumnos y con otros trabajadores.
  3. Adaptando el currículo. Las escuelas entrevistadas buscaban el mejor currículo para sus alumnos, por una parte, adaptando el currículo nacional y, por otro, adoptando metodología específica para sus características propias, que fueran funcionales y se orientaran a lo social.
  4. Participación de otros profesionales. Los trabajadores entrevistados eran conscbbpp-educacion-autismoientes de que había cuestiones que requerían del conocimiento de otros profesionales especializados, coordinándose y formando equipo con ellos.
  5. Conocimientos del personal y formación. Se trataba de equipos con una alta cohesión y expectativas, con un fuerte liderazgo y gran dedicación. También eran profesionales que fomentaban tanto su propia formación con la difusión de sus buenas prácticas, formando a profesionales externos y promoviendo el empoderamiento de los padres a través de la formación.
  6. Comunicación efectiva. La comunicación en los centros fluía entre el personal, entre el personal y las familias y entre el personal y los alumnos, escuchándoles y fomentando su participación.
  7. Participación más amplia. Estas escuelas actuaban de embajadoras en su comunidad, sensibilizando y favoreciendo la inclusión, participando en la comunidad pero también invitando a la comunidad a participar dentro de la escuela.
  8. Estrecha relación con las familias. Los profesionales tenían una relación recíproca con las familias, trabajando en colaboración con ellas, comprendiendo sus dificultades y ofreciéndoles el apoyo necesario.

AETAPI ha traducido el documento completo, al que podéis acceder aquí