Imagina que vives en un mundo en el que todo el mundo te ignora y decide por tí.

En el que parece que eres trasparente, no te tienen en cuenta, te tratan como si fueras menor, aunque seas mayor de edad, no puedes plantear tus gustos e intereses porque las personas de tu alrededor no los consideran importantes.

imagina que estás constantemente escuchando hablar sobre tí, sobre tus dificultades, lo que no puedes hacer, lo que se te da mal, pero nunca se destacan tus puntos fuertes, tus esfuerzos y tus progresos.

Ponte por un momento en los zapatos de esas persona y piensa ¿Qué harías?

Tal vez te aislarías y preferirías no estar con nadie, puesto que te han sentir mal, o estarías lleno de miedos e inseguridades que te paralizarían a la hora de tomar decisiones por miedo a reforzar todas esas cosas que dicen sobre tí y te hacen daño.

O tal vez, te enfadarías, estarías irritable y sentirías una gran frustración.

Si es así, si has conseguido ponerte en los zapatos de esa persona y crees que actuarías de una de estas formas, acabas de aprender a utilizar conductas socialmente inapropiadas en un contexto que te supera, que no entiendes ni puedes controlar.

Seguramente habrás pensado que tu respuesta está justificada, pues con ella lo que intentas es retomar algo de control sobre tu vida y tomar alguna decisión sobre la misma.

Todas las personas, aunque estemos en una situación de estrés extremo, intentamos poner todo lo que está a nuestro alcance para conseguir unos objetivos, sobre todo cuando se trata de nuestra propia vida, aunque tengamos que utilizar medios que no son los socialmente más aceptados.

Si has entendido hasta aquí esta situación, enhorabuena pues es el sentimiento de muchas personas con TEA en su día a día.

Pero ¿Qué podemos hacer como profesionales para mejorar nuestra práctica profesional, de forma que no ocurran estas situaciones?

Lo primero de todo, debemos analizar nuestra propia práctica y los contextos en los que trabajamos. La mayor parte de las veces, el problema está en el contexto, si adaptamos los contextos a las características y necesidades de las personas a quienes apoyamos, haciéndolos accesibles (no solo arquitectónicamente), estaremos creando alternativas y oportunidades positivas de participación, en las que todas las personas que conviven en ese contexto sientas seguridad y se sientan capaces de participar.

Por otro lado, debemos incorporar estrategias promotoras de la participación y la toma de decisiones, desde una perspectiva de proactiva y de prevención. No se trata de resolver los problemas, sino de evitar que ocurran, trabajando en los apoyos necesarios que promuevan vidas de calidad a todas las personas.

Adaptación del Manuscrito de la Dra. LeBlanc, directora asociada de los programas internacionales del Life Span Institute, Universidad de Kansas. Presentado en Santiago de Chile, Noviembre de 1994  (Traducido por Ester Navallas Echarte).